Un cuento que ocurrió en Caracas, en la Sucursal del Caos. La Sultana del Ávila, es el sitio perfecto para una historia de amor, ella pone lo bueno y lo malo. Los contratiempos y los puntos de encuentro. Caracas es el mejor escenario.
Aquí insertamos la frase – “donde un chico conoce a un chica”. La historia continúa. Amanece temprano, un chico que se despide con un beso. Horas después, una cita en pie era la sonrisa en la cara de la chica.
Él tan del Medio Oriente, tan árabe. Ella tan del Occidente, tan caraqueña.
Después de mucho tráfico y un par de apagones en la ciudad, ambos personajes trataban de enamorarse, de quererse. De hacer de la distancia de sus culturas una diferencia mínima y manejable.
El café un excelente acompañante de la historia.
Muchos minutos después, que se tradujeron en meses, viene el conflicto. Un nudo en la historia. ¿Culpables? – Personalidad, expectativas, perspectivas, errores, palabras y un buen toque de “no tenemos nada en común”.
Esa historia se acaba con un buen insulto y una disculpa. Una disculpa acompañada de la reiteración de las mismas palabras ofensivas. En fin, se acabó.
Caracas. Un avión. Miles de kilómetros entre ambos. Regreso a Medio Oriente.
La sonrisa vuelve al rostro de la chica.
NOTA: Pana, me tenías obstinada!
Have a nice life!