No sé si haya que lamentarlo o no, pero hay gente que toma decisiones por ti y te colocan en situaciones que no deseabas experimentar. Te toca reconstruirte, recoger los pedacitos que queden de ti, producto de esa GRAN decisión que tomaron en tu lugar. Sí, estoy hablando de desamor. Al final, como nadie se muere de amor, sales parepeteado del asunto, te levantas y sigues tu camino.
La angustia del desamor y los corazones rotos tiene sus causas:
1. No sabemos su duración.
2. No tenemos idea de lo que va a pasar.
3. Queremos que “todo salga bien”.
Reuniendo esas 3 causas, nos queda un cóctel de emociones peligroso e inestable, pero alguien sumamente inteligente y sabio dijo que ”el tiempo lo cura todo”. Es así. El tiempo pasa y no te das cuenta.
Después que escuchas aquellas palabras que te sentencian a andar con un nudo en el estómago, quién sabe por cuanto tiempo, te mudas al sótano de la Incertidumbre. Un sitio oscuro, silencioso, lleno de interrogantes en las paredes y donde no ves luz. El truco está en no desesperarse y saber esperar. Tiempo.
Cada quien lleva su proceso de guayabo diferente, pero que nadie me niegue que no han visitado a la Incertidumbre, cuando les han dado aquella patada en la boca del estómago y se quedan sin respirar.
En fin, a veces uno está allí y a veces está del otro lado. La diferencia es cuando esa decisión que tomaron por ti, te abre a tomar nuevas decisiones.
Ahora me toca a mí.